domingo, 10 de agosto de 2014

Un vicio epistemológico

El mundo se nos impone. Asistimos asombrados y sorprendidos a los procesos que en él ocurren. Dada nuestra condición de seres sensibles, curiosos y dotados de la capacidad de analizar, pretendemos encontrar explicaciones para dar cuenta de todo lo que acontece. Se trata de un rasgo típico de la naturaleza humana. El arrollador avance del conocimiento ha logrado satisfacer parcialmente nuestra inquietud, a tal punto que muchos de los eventos que hace un tiempo eran considerados milagrosos pueden  en la actualidad ser explicados en términos naturalistas.
Sin embargo, la fascinación del ser humano por lo mágico persiste. Hipócrates lo resumió de este modo: "Los hombres creen  que la epilepsia es divina simplemente porque no la entienden. Pero si llaman divino a todo lo que no entienden, entonces no habrá fin para las cosas divinas".
También es propia de la naturaleza humana la ilimitada  capacidad de la imaginación para concebir mundos. Y no esta mal que así sea, estamos dotados de complejos sistemas nerviosos que nos permiten hacerlo, al fin y al cabo, no somos autómatas. Lo que resulta extraño es que esta maravillosa capacidad que nos caracteriza persista en el ámbito de la comprensión objetiva de la realidad. No existen limites en lo que respecta a los mundos, objetos y eventos que podemos concebir, lo cual no implica que todos ellos puedan ser reales o posibles, por eso es que cualquier persona cuerda sabe que los cerdos voladores  solo existen en la imaginación, del mismo modo que sabemos que los planetas no son movidos por ángeles.
Ante un evento inexplicable, el ser humano a menudo tiende a atribuir la ocurrencia del mismo a fuerzas sobrenaturales, milagros o cosas por el estilo. Pero esto implica un salto inferencial injustificable. Es mas sensata y coherente la actitud del escéptico, quien afirma que los datos y/o la información y/o el conocimiento disponible no son  suficientes para  explicar el hecho, por el momento. ¿Debemos poner en pie de igualdad a la actitud del supersticioso que y la del escéptico?. De ningún modo.  La afirmación del primero no tiene fundamento alguno, salvo la falta de explicación , se trata de una conclusión  apresurada;  la  del segundo, lejos de ser infundada, arraiga en la ponderación de la mas valiosa y eficaz forma de que disponemos para explicar cuestiones del mundo real: la combinación de razón y experiencia, combinación robustamente sostenida e ilustrada por el enfoque científico, que nos muestra, de modo cada vez mas contundente, que el mundo no es un lugar atestado de milagros ni de magia ni de seres sobrenaturales, sino de cosas  que se comportan legalmente, y que por tanto, hasta el momento podemos esperar hallar un mecanismo que nos permita explicar la naturaleza del ser y el cambio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario